Siempre siento que necesito dar explicaciones sobre las razones que me llevan a escribir sobre libros que aún no he leído. Porque además doy la sensación de que efectivamente leeré todos esos libros y, bueno, nada más lejos de la realidad. Cuando publico esas listas lo que estoy diciendo es "me encantaría leer estos libros, por eso los saqué de mi clóset de libros / biblioteca / librería. Y si en algún momento este mes me siento a leer algo voluntariamente, probablemente leeré alguno de los títulos aquí mencionados. Quizás. Si es que el día está bonito y los computadores ocupados." Pero esta lista de libros, en particular, quiero que sea distinta. Primero, porque hay en ella libros que me comprometí a leer para el club de lectura. Segundo, porque los otros libros no son tan pretenciosos como los que suelo pedir en la biblioteca y todos me tincan. Tercero, porque en estos últimos meses he notado un aumento de, uhm, cómo decirlo... necesidad de una mayor complejidad lectora? No son sólo deseos de ser capaz de leer algo así sin aburrirme. Creo. Espero. Anyway, no son libros que desearía haber leído, sino libros que siento me entretendría leyendo. Eso.
Dude, tl;dr.
Para el club de lectoras
Roald Dahl x2: The BFG y Boy: Tales of Childhood. Si fuese over-ambitious además leería Matilda y The Witches, pero esta semana amanecí realista.
Libros sacados de la biblioteca
So, el día que fui a buscar los libros de Roald Dahl al Café Literario del Parque Balmaceda, me desvié un pichintún de la sala infantil y terminé pidiendo: The Warden de Anthony Trollope (¡en una edición con letra grande! ¡e ilustraciones!), Intercambios de David Lodge y Una canción para el verano de Eva Ibbotson. Todos autores que leí (o comencé a leer) antes y todos libros fáciles de digerir y con toques cómicos. Bueno, no sé si Eva Ibbotson tendrá mucho sentido del humor, pero por lo menos tiende a escribir de forma... un poco infantil, supongo.
Otros
Trollope y David Lodge son la clase de autores que siempre quiero leer, pero nunca encuentro el estímulo suficiente como para hacerlo. Mi estímulo esta vez fue el libro de Jane Smiley del que escribí ayer, 13 Ways of Looking at the Novel. Pero su influencia fue un poquito más allá y alcanzó para otro libro que tenía en mi carpeta de ebooks y que nunca había pescado, Dinner at the Homesick Restaurant de Anne Tyler. Soy horriblemente mala para leer literary novels, como les llaman, porque tiendo a creer que literary es sinónimo de pomposo y elitista, pero Jane Smiley, sin leer ningún libro de genre (en los que se incluyen, como si fuesen remotamente similares, libros de ciencia ficción, romance, horror, etc.) logró manifestar el mismo entusiasmo por la literatura que asocio con escritores de ciencia ficción como Arthur C. Clarke o Ray Bradbury. Ese entusiasmo contagioso que te deja deseando escribir cinco mil palabras diarias de NADA, sólo por sentir que esa nada merece ser narrada. ANYway, el asunto es que Jane Smiley hablaba favorablemente de Trollope y David Lodge, pero también de Anne Tyler, y aquí estoy, dos capítulos dentro de Dinner at the Homesick Restaurant y muy impresionada.
Es como cuando comencé a leer a Steinbeck y me sorprendió lo muy accesible que era (¿accesible? ¿asequible?). Salvo que esa vez pensé que se trataba de una casualidad y que Steinbeck era la excepción a la regla de los escritores pomposos y elitistas, pero ahora soy capaz de reconocer que quizás esté equivocada y exista vida más allá de las novelas de misterio y de los Regency Romance de Georgette Heyer.
Y el otro libro que quiero leer, pero no sé si 1) me alcance el tiempo o 2) me dure el entusiasmo es The White Album de Joan Didion. Pasa que leí este ensayo titulado "On Self-Respect" y todo mi es-una-señora-rara-y-no-la-entiendo se desmoronó, porque, SEÑORA, COMPRENDO SU DOLOR. Así que fui a mi clóset de libros (porque aún no compro un librero, larga historia) y lo revolví sus buenos diez minutos buscando este librito de ensayos que ya había intentado leer antes, pero dejé a medio empezar porque hacía calor y me sentía idiota.
El problema con Joan Didion―y cuando digo "el problema", lo que quiero decir es "mi problema"― es que intimida. Y esta semana puedo haberla comenzado con ánimo suficiente como para aventurarme en territorios intimidantes, pero no sé si sea algo duradero. Pero mientras tenga presente su ensayo, es probable que las ganas de leerla prevalezcan. Ditto con David Foster Wallace y su discurso en Kenyon College (tan bueno, TAN), pero no tengo ningún libro de David Foster Wallace al alcance y, de todos modos, la razón por la que habitualmente mis listas de libros por leer fallan es porque intento abarcar demasiado, así que quizás sea buena idea dejarlo para otra oportunidad.
(cada vez que termino de escribir un post para este blog agrego un paréntesis al final que dice algo más o menos así: ¡oye! ¡y no costó tanto! Invariablemente, una vez escrito me siento ridícula y lo borro, pero esta vez pretendo dejar constancia de la existencia de los paréntesis jamás posteados)


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