4.6.12

13 Ways of Looking at the Novel, de Jane Smiley


(disculpen el Espanglish de este post. Leí el libro en inglés y no pude evitar reaccionar en inglés a algunas cosas. Y como la idea central de este blog es escribir como me salga, me salieron cosas en inglés truqueado. Sue me.)

Hace un par de años agarré casi por casualidad "Good Faith" de Jane Smiley. Y lo dejé de lado después de unas treinta páginas, porque soy floja y no me gusta leer cosas que no apelen automáticamente a mis sensibilidades literarias (qué puedo decir, soy una comfort-reading reader.) El libro no me pareció denso narrativamente (que es lo que tiende a intimidarme de los libros en general), pero el tema no se veíá particulamente reconfortante. Bienes raíces, adulterio, Estados Unidos en la época de Ronald Reagan. Not my cup of tea, precisamente. Llegó un momento en que tuve que esforzarme por avanzar, hacer un esfuerzo casi físico por luchar contra el aburrimiento y terminé por devolverlo a la biblioteca sin mirar atrás.

Es bueno enterarse que la misma Jane Smiley tuvo un problema similar mientras lo escribía. En lo que diferimos fue en la forma de enfrentar la traba: yo debo haberlo dejado de lado por alguna novela de vampiros (no estoy 100% segura, pero calza por las fechas). ¿Qué hizo ella, en cambio? Decidió que la mejor manera de lidear con su Writer's Block era (re)leer cien novelas, con la intención de analizar su forma y llegar a entender analíticamente qué era lo que le impedía terminar su propia novela.

¿Resultado? Yo estoy aquí, más o menos igual que cuando intenté leer "Good Faith." ¿Ella? No sólo leyó sus cien novelas (y más), también logró entender cuál era su traba con "Good Faith," lo terminó y las ideas le alcanzaron para escribir otro libro completo de ensayos sobre las novelas y la forma que tenemos de leerlas. Ese libro es 13 Ways of Looking at the Novel y es el libro con el que he batallado estos últimos dos meses.

No porque la temática entre en conflicto con mi propia visión del mundo, ni porque la narración sea particularmente densa (aunque sí, al principio ese fue un problema), sino porque estaba tan lleno de ideas. Es como si Jane Smiley hubiese volcado todo su amor por la literatura y por la teorización en un solo libro. Pero me encantó que su amor por hacer teorías de todo (amor que comparto totalmente) no opacara su habilidad aparentemente innata por desarrollar esas teorías de una forma bien organizada y fácil de leer. Lo que quiero decir es que a ratos me costaba avanzar, pero nunca por falta de entendimiento. Eso.

Pero no fue un libro perfecto sobre el amor a los libros, como "Ex-Libris" de Anne Fadiman, que es cortito y al callo. Hubo instancias en las que me aburrí a mares, porque para hacerse entender utilizó una cantidad desmedida de ejemplos, ejemplos que incluían excesiva descripción de otras novelas. Excesiva. Pero, como toda clase de opiniones, la mía es puramente subjetiva y, de todos modos, no le quita ningún mérito como obra.

Iba a llegar a algún punto con todo esto. No recuerdo cuál...

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