11.4.12

The Shallows


Nuestro uso de Internet implica más de una paradoja, pero lo que promete ejercer a largo plazo una mayor influencia sobre el modo en que pensamos es ésta: la Red atrae nuestra atención sólo para dispersarla. Nos centramos intensamente en el medio, en la pantalla, pero nos distrae el fuego graneado de mensajes y estímulos que compiten entre sí por atraer nuestra atención. Donde quiera y cuando quiera que nos conectemos, la Red nos coloca ante un batiburrillo con una increíble capacidad de seducción. Tendemos a «buscar situaciones que exigen actividades simultáneas o situaciones en las que nos abruma el volumen de la información» (Torkel Klingberg, The Overflowing Brain: Information Overload and the Limits of Working Memory). Si el lento progreso de las palabras por la página impresa atempera nuestro afán de inundarnos de estímulos mentales, la Red lo fomenta. Nos devuelve a nuestro estado natural de distracción irreflexiva, nos coloca ante infinidad de distracciones que jamás tentaron a nuestros antepasados.
Nicholas Carr, Superficiales: ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?
 

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