Estaba leyendo opiniones sobre este cuestionario en el que ciertos autores famosos responden si insertan símbolos literarios en sus novelas a propósito y si están de acuerdo con que los lectores hagan sus propias interpretaciones. Lo pueden leer acá.
Dentro del debate
11.6.12
Un día marrón
No había cachado hasta ahora el nivel de energía positiva que he mantenido por las últimas dos semanas. No cumplí con todo lo que me prometí hacer, pero tenía las intenciones y el ánimo y, de algún modo, eso bastó. Hoy, en cambio...
¿Me pregunto si será el clima? La semana pasada tuvo mañanas escarchadas, pero un sol radiante (si bien no particularmente cálido) a medio día y muchos colores limpios. El sábado y ayer y hoy han sido, en contraste, opacos y fríos y he estado de un humor espantoso.
No sé. Me siento desconectada de todo lo que hago. En un intento por levantarme el ánimo, leí el capítulo de Dinner at the Homesick Restaurant que estaba guardando para la noche, pero ni siquiera eso resultó como esperaba.
***
Como nota positiva, cómo me gusta el disco en vivo de Rufus Wainwright. Tan, tan adorable.
¿Me pregunto si será el clima? La semana pasada tuvo mañanas escarchadas, pero un sol radiante (si bien no particularmente cálido) a medio día y muchos colores limpios. El sábado y ayer y hoy han sido, en contraste, opacos y fríos y he estado de un humor espantoso.
No sé. Me siento desconectada de todo lo que hago. En un intento por levantarme el ánimo, leí el capítulo de Dinner at the Homesick Restaurant que estaba guardando para la noche, pero ni siquiera eso resultó como esperaba.
***
Como nota positiva, cómo me gusta el disco en vivo de Rufus Wainwright. Tan, tan adorable.
8.6.12
A estas alturas no me hago ilusiones. Estoy segura que voy por la calle con "Anne Tyler, dame un hijo" tatuado en la frente. No sé cómo termina Dinner at the Homesick Restaurant y ya lo amo. Culpo casi totalmente a Jane Smiley por esto. Ella es la que habló tan bien de la forma en que Anne Tyler retrata vidas simples como si mereciesen ser retratadas. Y tiene razón, por supuesto que tiene razón, aunque supongo que parte del goce que estoy sacando del libro depende de una disposición previa a los halagos de Jane Smiley. Me gusta leer sobre personas comunes y corrientes a quienes la vida les pasa de cerca, pero nunca afecta. Como Cranford, aunque Elizabeth Gaskell apenas roza la superficie de lo plano de las vidas de esas señoras. Los personajes de Dinner at the Homesick Restaurant son tan tridimensionales que una podría encontrarlos caminando por la calle cualquier día de estos.
Como sea, no era eso lo que venía a escribir.
Puede que mientras lea me deleite en la normalidad de los personajes, y eso se lo debo a una mezcla de mi propio gusto y de la recomendación de Jane Smiley, y que gracias a eso mismo ahora soy capaz de detenerme frente a algo que me parezca un logro narrativo que antes habría dado por sentado, pero... pero... OK, basta de intentar explicarlo en mis propias palabras, sólo lean esto:
He visto esa mirada. He sido esa persona intentando aclarar la situación sin ser capaz de conseguirlo, porque la otra persona sólo ve peticiones disfrazadas de comentarios estoicos. Y mientras lo leía me maravillaba, porque qué clase de persona es capaz de notar esos detalles y explicarlos tan bien, que se lean tan creíbles, la forma en que sus personajes pueden estar tan conscientes de lo que está sucediendo y aún así ser incapaces de comprenderse unos a otros. Es magia. Cómo lo hizo?
Como sea, no era eso lo que venía a escribir.
Puede que mientras lea me deleite en la normalidad de los personajes, y eso se lo debo a una mezcla de mi propio gusto y de la recomendación de Jane Smiley, y que gracias a eso mismo ahora soy capaz de detenerme frente a algo que me parezca un logro narrativo que antes habría dado por sentado, pero... pero... OK, basta de intentar explicarlo en mis propias palabras, sólo lean esto:
It seemed that everything she said carried, for him, the echo of their mother. She saw him stiffen. She knew exactly what he was thinking. “How are you fixed for money?” he would ask her. “You need a few new dresses?” She would say, “No, thanks, Cody, I’m fine”—really meaning it, needing nothing; but she saw, from his expression, what he had understood her to say: “No, no,” in Pearl’s thin voice, “never mind me …” She could not straighten his tie, or compliment his suit, or inquire about his present life without setting up that guarded look in his face. It made her feel unjustly accused. Did he really imagine she would be so domineering, or reproachful, or meddlesome? “Look,” she tried once. “Let’s start over. I didn’t intend what you think I intended.” But his wary, sidelong glance told her that he suspected even this. There was no way to cut themselves out of the tangle. She let him leave.
He visto esa mirada. He sido esa persona intentando aclarar la situación sin ser capaz de conseguirlo, porque la otra persona sólo ve peticiones disfrazadas de comentarios estoicos. Y mientras lo leía me maravillaba, porque qué clase de persona es capaz de notar esos detalles y explicarlos tan bien, que se lean tan creíbles, la forma en que sus personajes pueden estar tan conscientes de lo que está sucediendo y aún así ser incapaces de comprenderse unos a otros. Es magia. Cómo lo hizo?
The Shallows #2
Me gustó harto esta metáfora (en un libro que no es tan terriblemente "Internet es malo para tu saluuuuud~" como todos los otros artículos que he leído):
Llenar una bañera con un dedal: ese es el reto que afronta la transferencia de datos desde la memoria de trabajo a la memoria a largo plazo. Al regular la velocidad y la intensidad del flujo de información, los medios ejercen una fuerte influencia en este proceso. Cuando leemos un libros, el grifo de la información mana con un goteo constante, que podemos regular con la velocidad de nuestra lectura. Gracias a nuestra concentración en el texto, podemos transferir toda nuestra información o su mayoría, dedal a dedal, a la memoria a largo plazo y forjar las ricas asociaciones fundamentales para crear esquemas. Con la Red, tenemos muchos grifos de información, todos manando a chorros. Y el dedal se nos desborda mientras corremos de un grifo a otro. Sólo podemos transferir una pequeña porción de los datos a la memoria a largo plazo, y lo que transferimos es un coctel de gotas de diferentes grifos, no una corriente continua con la coherencia de una sola fuente.
Nicholas Carr, Superficiales
7.6.12
Dinner at the Homesick Restaurant
by
Nat
Posted in anne tyler, citas, dinner at the homesick restaurant, no debería encariñarme así contigo; libro
Posted in anne tyler, citas, dinner at the homesick restaurant, no debería encariñarme así contigo; libro
He and Mrs. Scarlatti had been through a lot together, he would have said, if asked―but what exactly? She had had a bad husband (a matter of luck, she made it seem, like a bad bottle of wine) and ditched him; she had lost her only son, Ezra's age, during the Korean War. But both these events she had suffered alone, before her partnership with Ezra began. And Ezra himself: well, he had not actually been through anything yet. He was twenty-five years old and still without wife or children, still living at home with his mother. What he and Mrs. Scarlatti had survived, it appeared, was year after year of standing still. Her life that had slid off somewhere in the past, his that kept delaying its arrival―they'd combined, they held each other up in empty space.
Anne Tyler, Dinner at the Homesick Restaurant
Hoy no tengo ganas de escribir.
6.6.12
Libros por leer en junio
Siempre siento que necesito dar explicaciones sobre las razones que me llevan a escribir sobre libros que aún no he leído. Porque además doy la sensación de que efectivamente leeré todos esos libros y, bueno, nada más lejos de la realidad. Cuando publico esas listas lo que estoy diciendo es "me encantaría leer estos libros, por eso los saqué de mi clóset de libros / biblioteca / librería. Y si en algún momento este mes me siento a leer algo voluntariamente, probablemente leeré alguno de los títulos aquí mencionados. Quizás. Si es que el día está bonito y los computadores ocupados." Pero esta lista de libros, en particular, quiero que sea distinta. Primero, porque hay en ella libros que me comprometí a leer para el club de lectura. Segundo, porque los otros libros no son tan pretenciosos como los que suelo pedir en la biblioteca y todos me tincan. Tercero, porque en estos últimos meses he notado un aumento de, uhm, cómo decirlo... necesidad de una mayor complejidad lectora? No son sólo deseos de ser capaz de leer algo así sin aburrirme. Creo. Espero. Anyway, no son libros que desearía haber leído, sino libros que siento me entretendría leyendo. Eso.
Dude, tl;dr.
Para el club de lectoras
Roald Dahl x2: The BFG y Boy: Tales of Childhood. Si fuese over-ambitious además leería Matilda y The Witches, pero esta semana amanecí realista.
Libros sacados de la biblioteca
So, el día que fui a buscar los libros de Roald Dahl al Café Literario del Parque Balmaceda, me desvié un pichintún de la sala infantil y terminé pidiendo: The Warden de Anthony Trollope (¡en una edición con letra grande! ¡e ilustraciones!), Intercambios de David Lodge y Una canción para el verano de Eva Ibbotson. Todos autores que leí (o comencé a leer) antes y todos libros fáciles de digerir y con toques cómicos. Bueno, no sé si Eva Ibbotson tendrá mucho sentido del humor, pero por lo menos tiende a escribir de forma... un poco infantil, supongo.
Otros
Trollope y David Lodge son la clase de autores que siempre quiero leer, pero nunca encuentro el estímulo suficiente como para hacerlo. Mi estímulo esta vez fue el libro de Jane Smiley del que escribí ayer, 13 Ways of Looking at the Novel. Pero su influencia fue un poquito más allá y alcanzó para otro libro que tenía en mi carpeta de ebooks y que nunca había pescado, Dinner at the Homesick Restaurant de Anne Tyler. Soy horriblemente mala para leer literary novels, como les llaman, porque tiendo a creer que literary es sinónimo de pomposo y elitista, pero Jane Smiley, sin leer ningún libro de genre (en los que se incluyen, como si fuesen remotamente similares, libros de ciencia ficción, romance, horror, etc.) logró manifestar el mismo entusiasmo por la literatura que asocio con escritores de ciencia ficción como Arthur C. Clarke o Ray Bradbury. Ese entusiasmo contagioso que te deja deseando escribir cinco mil palabras diarias de NADA, sólo por sentir que esa nada merece ser narrada. ANYway, el asunto es que Jane Smiley hablaba favorablemente de Trollope y David Lodge, pero también de Anne Tyler, y aquí estoy, dos capítulos dentro de Dinner at the Homesick Restaurant y muy impresionada.
Es como cuando comencé a leer a Steinbeck y me sorprendió lo muy accesible que era (¿accesible? ¿asequible?). Salvo que esa vez pensé que se trataba de una casualidad y que Steinbeck era la excepción a la regla de los escritores pomposos y elitistas, pero ahora soy capaz de reconocer que quizás esté equivocada y exista vida más allá de las novelas de misterio y de los Regency Romance de Georgette Heyer.
Y el otro libro que quiero leer, pero no sé si 1) me alcance el tiempo o 2) me dure el entusiasmo es The White Album de Joan Didion. Pasa que leí este ensayo titulado "On Self-Respect" y todo mi es-una-señora-rara-y-no-la-entiendo se desmoronó, porque, SEÑORA, COMPRENDO SU DOLOR. Así que fui a mi clóset de libros (porque aún no compro un librero, larga historia) y lo revolví sus buenos diez minutos buscando este librito de ensayos que ya había intentado leer antes, pero dejé a medio empezar porque hacía calor y me sentía idiota.
El problema con Joan Didion―y cuando digo "el problema", lo que quiero decir es "mi problema"― es que intimida. Y esta semana puedo haberla comenzado con ánimo suficiente como para aventurarme en territorios intimidantes, pero no sé si sea algo duradero. Pero mientras tenga presente su ensayo, es probable que las ganas de leerla prevalezcan. Ditto con David Foster Wallace y su discurso en Kenyon College (tan bueno, TAN), pero no tengo ningún libro de David Foster Wallace al alcance y, de todos modos, la razón por la que habitualmente mis listas de libros por leer fallan es porque intento abarcar demasiado, así que quizás sea buena idea dejarlo para otra oportunidad.
(cada vez que termino de escribir un post para este blog agrego un paréntesis al final que dice algo más o menos así: ¡oye! ¡y no costó tanto! Invariablemente, una vez escrito me siento ridícula y lo borro, pero esta vez pretendo dejar constancia de la existencia de los paréntesis jamás posteados)
Dude, tl;dr.
Para el club de lectoras
Roald Dahl x2: The BFG y Boy: Tales of Childhood. Si fuese over-ambitious además leería Matilda y The Witches, pero esta semana amanecí realista.
Libros sacados de la biblioteca
So, el día que fui a buscar los libros de Roald Dahl al Café Literario del Parque Balmaceda, me desvié un pichintún de la sala infantil y terminé pidiendo: The Warden de Anthony Trollope (¡en una edición con letra grande! ¡e ilustraciones!), Intercambios de David Lodge y Una canción para el verano de Eva Ibbotson. Todos autores que leí (o comencé a leer) antes y todos libros fáciles de digerir y con toques cómicos. Bueno, no sé si Eva Ibbotson tendrá mucho sentido del humor, pero por lo menos tiende a escribir de forma... un poco infantil, supongo.
Otros
Trollope y David Lodge son la clase de autores que siempre quiero leer, pero nunca encuentro el estímulo suficiente como para hacerlo. Mi estímulo esta vez fue el libro de Jane Smiley del que escribí ayer, 13 Ways of Looking at the Novel. Pero su influencia fue un poquito más allá y alcanzó para otro libro que tenía en mi carpeta de ebooks y que nunca había pescado, Dinner at the Homesick Restaurant de Anne Tyler. Soy horriblemente mala para leer literary novels, como les llaman, porque tiendo a creer que literary es sinónimo de pomposo y elitista, pero Jane Smiley, sin leer ningún libro de genre (en los que se incluyen, como si fuesen remotamente similares, libros de ciencia ficción, romance, horror, etc.) logró manifestar el mismo entusiasmo por la literatura que asocio con escritores de ciencia ficción como Arthur C. Clarke o Ray Bradbury. Ese entusiasmo contagioso que te deja deseando escribir cinco mil palabras diarias de NADA, sólo por sentir que esa nada merece ser narrada. ANYway, el asunto es que Jane Smiley hablaba favorablemente de Trollope y David Lodge, pero también de Anne Tyler, y aquí estoy, dos capítulos dentro de Dinner at the Homesick Restaurant y muy impresionada.
Es como cuando comencé a leer a Steinbeck y me sorprendió lo muy accesible que era (¿accesible? ¿asequible?). Salvo que esa vez pensé que se trataba de una casualidad y que Steinbeck era la excepción a la regla de los escritores pomposos y elitistas, pero ahora soy capaz de reconocer que quizás esté equivocada y exista vida más allá de las novelas de misterio y de los Regency Romance de Georgette Heyer.
Y el otro libro que quiero leer, pero no sé si 1) me alcance el tiempo o 2) me dure el entusiasmo es The White Album de Joan Didion. Pasa que leí este ensayo titulado "On Self-Respect" y todo mi es-una-señora-rara-y-no-la-entiendo se desmoronó, porque, SEÑORA, COMPRENDO SU DOLOR. Así que fui a mi clóset de libros (porque aún no compro un librero, larga historia) y lo revolví sus buenos diez minutos buscando este librito de ensayos que ya había intentado leer antes, pero dejé a medio empezar porque hacía calor y me sentía idiota.
El problema con Joan Didion―y cuando digo "el problema", lo que quiero decir es "mi problema"― es que intimida. Y esta semana puedo haberla comenzado con ánimo suficiente como para aventurarme en territorios intimidantes, pero no sé si sea algo duradero. Pero mientras tenga presente su ensayo, es probable que las ganas de leerla prevalezcan. Ditto con David Foster Wallace y su discurso en Kenyon College (tan bueno, TAN), pero no tengo ningún libro de David Foster Wallace al alcance y, de todos modos, la razón por la que habitualmente mis listas de libros por leer fallan es porque intento abarcar demasiado, así que quizás sea buena idea dejarlo para otra oportunidad.
(cada vez que termino de escribir un post para este blog agrego un paréntesis al final que dice algo más o menos así: ¡oye! ¡y no costó tanto! Invariablemente, una vez escrito me siento ridícula y lo borro, pero esta vez pretendo dejar constancia de la existencia de los paréntesis jamás posteados)
4.6.12
13 Ways of Looking at the Novel, de Jane Smiley
(disculpen el Espanglish de este post. Leí el libro en inglés y no pude evitar reaccionar en inglés a algunas cosas. Y como la idea central de este blog es escribir como me salga, me salieron cosas en inglés truqueado. Sue me.)
Hace un par de años agarré casi por casualidad "Good Faith" de Jane Smiley. Y lo dejé de lado después de unas treinta páginas, porque soy floja y no me gusta leer cosas que no apelen automáticamente a mis sensibilidades literarias (qué puedo decir, soy una comfort-reading reader.) El libro no me pareció denso narrativamente (que es lo que tiende a intimidarme de los libros en general), pero el tema no se veíá particulamente reconfortante. Bienes raíces, adulterio, Estados Unidos en la época de Ronald Reagan. Not my cup of tea, precisamente. Llegó un momento en que tuve que esforzarme por avanzar, hacer un esfuerzo casi físico por luchar contra el aburrimiento y terminé por devolverlo a la biblioteca sin mirar atrás.
Es bueno enterarse que la misma Jane Smiley tuvo un problema similar mientras lo escribía. En lo que diferimos fue en la forma de enfrentar la traba: yo debo haberlo dejado de lado por alguna novela de vampiros (no estoy 100% segura, pero calza por las fechas). ¿Qué hizo ella, en cambio? Decidió que la mejor manera de lidear con su Writer's Block era (re)leer cien novelas, con la intención de analizar su forma y llegar a entender analíticamente qué era lo que le impedía terminar su propia novela.
¿Resultado? Yo estoy aquí, más o menos igual que cuando intenté leer "Good Faith." ¿Ella? No sólo leyó sus cien novelas (y más), también logró entender cuál era su traba con "Good Faith," lo terminó y las ideas le alcanzaron para escribir otro libro completo de ensayos sobre las novelas y la forma que tenemos de leerlas. Ese libro es 13 Ways of Looking at the Novel y es el libro con el que he batallado estos últimos dos meses.
No porque la temática entre en conflicto con mi propia visión del mundo, ni porque la narración sea particularmente densa (aunque sí, al principio ese fue un problema), sino porque estaba tan lleno de ideas. Es como si Jane Smiley hubiese volcado todo su amor por la literatura y por la teorización en un solo libro. Pero me encantó que su amor por hacer teorías de todo (amor que comparto totalmente) no opacara su habilidad aparentemente innata por desarrollar esas teorías de una forma bien organizada y fácil de leer. Lo que quiero decir es que a ratos me costaba avanzar, pero nunca por falta de entendimiento. Eso.
Pero no fue un libro perfecto sobre el amor a los libros, como "Ex-Libris" de Anne Fadiman, que es cortito y al callo. Hubo instancias en las que me aburrí a mares, porque para hacerse entender utilizó una cantidad desmedida de ejemplos, ejemplos que incluían excesiva descripción de otras novelas. Excesiva. Pero, como toda clase de opiniones, la mía es puramente subjetiva y, de todos modos, no le quita ningún mérito como obra.
Iba a llegar a algún punto con todo esto. No recuerdo cuál...
Hace un par de años agarré casi por casualidad "Good Faith" de Jane Smiley. Y lo dejé de lado después de unas treinta páginas, porque soy floja y no me gusta leer cosas que no apelen automáticamente a mis sensibilidades literarias (qué puedo decir, soy una comfort-reading reader.) El libro no me pareció denso narrativamente (que es lo que tiende a intimidarme de los libros en general), pero el tema no se veíá particulamente reconfortante. Bienes raíces, adulterio, Estados Unidos en la época de Ronald Reagan. Not my cup of tea, precisamente. Llegó un momento en que tuve que esforzarme por avanzar, hacer un esfuerzo casi físico por luchar contra el aburrimiento y terminé por devolverlo a la biblioteca sin mirar atrás.Es bueno enterarse que la misma Jane Smiley tuvo un problema similar mientras lo escribía. En lo que diferimos fue en la forma de enfrentar la traba: yo debo haberlo dejado de lado por alguna novela de vampiros (no estoy 100% segura, pero calza por las fechas). ¿Qué hizo ella, en cambio? Decidió que la mejor manera de lidear con su Writer's Block era (re)leer cien novelas, con la intención de analizar su forma y llegar a entender analíticamente qué era lo que le impedía terminar su propia novela.
¿Resultado? Yo estoy aquí, más o menos igual que cuando intenté leer "Good Faith." ¿Ella? No sólo leyó sus cien novelas (y más), también logró entender cuál era su traba con "Good Faith," lo terminó y las ideas le alcanzaron para escribir otro libro completo de ensayos sobre las novelas y la forma que tenemos de leerlas. Ese libro es 13 Ways of Looking at the Novel y es el libro con el que he batallado estos últimos dos meses.
No porque la temática entre en conflicto con mi propia visión del mundo, ni porque la narración sea particularmente densa (aunque sí, al principio ese fue un problema), sino porque estaba tan lleno de ideas. Es como si Jane Smiley hubiese volcado todo su amor por la literatura y por la teorización en un solo libro. Pero me encantó que su amor por hacer teorías de todo (amor que comparto totalmente) no opacara su habilidad aparentemente innata por desarrollar esas teorías de una forma bien organizada y fácil de leer. Lo que quiero decir es que a ratos me costaba avanzar, pero nunca por falta de entendimiento. Eso.
Pero no fue un libro perfecto sobre el amor a los libros, como "Ex-Libris" de Anne Fadiman, que es cortito y al callo. Hubo instancias en las que me aburrí a mares, porque para hacerse entender utilizó una cantidad desmedida de ejemplos, ejemplos que incluían excesiva descripción de otras novelas. Excesiva. Pero, como toda clase de opiniones, la mía es puramente subjetiva y, de todos modos, no le quita ningún mérito como obra.
Iba a llegar a algún punto con todo esto. No recuerdo cuál...

